Querido Berto.
Todavía estoy digiriendo tu anterior correo denominado "claqué". ¡Qué densidad de información, madre mía! No era un correo, eran varios en uno, algo así como una muñeca rusa de vivencias. ¡Bendita divagación!
Divagar es el zapeo de nuestra propia mente que surfea y surfea, saltando de tema en tema como aquel juego recreativo en el que una rana, saltaba de camión en camión. A veces, conectas algunas ideas y sacas algo parecido a una conclusión que, no nos engañemos, siempre será provisional. Basta que tengas algo claro, para que suceda otra cosa que lo ponga en entredicho. Y así sucesivamente, hasta el infinito y más allá como pregona mi actor preferido: Buzz Lightyear. Acabo de ver "Toy story 3" y otra vez me ha asombrado. ¡Cómo han cambiado los dibujos animados! Y qué listos los de Disney que han pasado del mundo inquietantemente edulcorado de sus primeras producciones, a la incorrección y la modernidad de Pixar.
Por cierto que he constatado que las productoras americanas tienen claro su público: niños, jóvenes, padres con niños e inmaduros. Me fijé en la cartelera: un guerrero chino, niño que domina los elementos, "Toy story 3" y Tom Cruise corriendo en moto con Cameron Diaz a su espalda. Que yo voy en moto con Cameron Diaz y paro en el primer motel que encuentro. Vamos que no saco la moto ni del párquing.
Quiero decir que el cine ha sido engullido por los fabricantes de muñecos y videojuegos y se ha convertido en puro ocio preñado de consumo. Luego está otro de verdad (¿cine de verdad?) que cuentas historias, donde salen buenos actores y que es el cine marginal. Queda muy bien para los festivales, pero no es el que prefiere la mayoría. Yo también tengo añoranza de una época cinematográfica que no viví.
Como la de Gene Kelly, por supuesto. Ese hombre te pone de buen humor aunque te sientas como el culo. Te convierte en un culo alegre y danzarín. (¡Que raro sueno eso!)
Compañero, estoy de vacaciones. Como tú, a no ser que tengas otra identidad y trabajes a escondidas. Bueno, tienes tu teatro, pero te imagino con esa cara de descanso que te detecto rápidamente. No te mentiré si te digo que te echo de menos. Son diez meses al año, riendo, jugando y disfrutando juntos y eso deja huella y luego un vacío.
Ya sabes que no puedo parar y ando apuntando cosas, ideas y dibujos en libretitas que luego, a lo mejor, consulto. He estado en una isla donde siete de cada diez turistas son italianos. "Es más barato que en Cerdeña", argumentan. Nos han colonizado. Solo hablan entre ellos, llevan gafas muy grandes, marcan abdominales, gritan y nunca están de acuerdo en nada porque siempre discuten. Tengo la teoría de que los italianos salen tanto, porque no están a gusto en su casa. Así que, a la que pueden, se piran. En cierta manera les entiendo. ¿Te imaginas tener a Berlusconi de presidente? ¡Un hombre que tiene un volcán en una de sus residencias! Un volcán artificial con el que sorprende a las visitas. Le da un botón y "flush!", sale una bocanada de fuego y vapor. Y esto es verdad. Ni en el más rocambolesco de mis sueños, podría imaginar algo así.